Extensión de Amor, fotografías de Andrea Fuentealba Elizalde

“Ningún daño les hice; pero me tenían miedo. ¿Por qué?”

Rudyard Kipling

“Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra”

Jefe Seattle de la tribu Suwamish

No se puede pensar en la naturaleza sin pensar en el hombre que la habita, así como evitar pensar en la extensión del hombre en la naturaleza o viceversa, es decir; no podemos excluirnos de esta extensa maravilla que nos rodea y nos sostiene.

En el año 1857, el jefe Seattle de la tribu Suwamish, en respuesta a la petición del Presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce que ofrecía comprar sus tierras, expresó la inmensa importancia que surge de la compenetración de la naturaleza con el hombre, su perfecta combinación, la importancia y respeto que los de su tribu le otorgaban a su tierra, cosa que el “hombre blanco” jamás podría entender. Es probable que el jefe de la tribu haya tenido razón, o bien, podríamos pensar y esperar que al menos una cantidad de los habitantes de este planeta logren percibir el lazo que los une a la naturaleza, y entenderla como un medio de conservación de la especie, tanto animal, como humana. Si tan solo lográramos entender que para salvarnos, primero debemos salvar a la Tierra.

Andrea Fuentealba nos muestra un trabajo fotográfico que según sus palabras se fue armando al azar luego de un viaje a Quilpué, donde cada habitante de la casa donde estuvo se mimetizó con la naturaleza que los rodeaba, siendo la primera foto la de Amy en que sus brazos se extendieron en forma de Aloe Vera. Sus retratados son los únicos que no fueron al azar: son personas que para la fotógrafa representan en su vida un tipo de amor. Así es como el proyecto comienza a tomar forma y cada extensión de cuerpo es unida a otra extensión de naturaleza; un brazo es una rama, el cabello es parte de un árbol, un pedazo de cuerpo se convierte en una montaña lejana. ¿Cómo negar entonces, que somos ese pedazo de árbol, que formamos parte de aquella montaña o que hermosamente, una hoja podría ser la extensión de nuestros dedos al tocarla?

Probablemente, como  la sabia tribu de los pieles rojas, deberíamos entender que no somos forasteros de esta tierra, dedicándonos a extraer solo aquello que necesitamos, convirtiéndola en nuestra enemiga y no nuestra hermana y ya, cuando la hemos conquistado, proseguir como si nada nuestro camino. No podemos olvidar que finalmente todos compartimos el mismo aire, me refiero a todos: perro, árbol, humano. ¿Será que sólo un salvaje puede entender eso?

Es así; hay una unión en todo.

Como dice un salvaje “La tierra no pertenece al hombre, es el hombre quien pertenece a la tierra” y ahí está la diferencia entre la vida y la supervivencia.

Andrea Fuentealba
Portafolio https://www.facebook.com/andreafotografiaelizalde/

Marisa Niño

Marisa Niño

Fotógrafa formada en el Instituto Profesional Arcos.
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